ROSMA

Por qué después de comer me hincho

Muchos alimentos contienen una munición capaz de activar una batería de malestares intestinales que van desde la distensión abdominal y los gases, hasta la diarrea o el estreñimiento

¿Quién no se ha sentido hinchado alguna vez y sin ponerse hasta arriba de comida, claro? Puede que hayan sido las lentejas o la manzana, quizá demasiado ajo en las verduras rehogadas (o estas mismas), o ese vasito de leche que cunde como si nos hubiésemos bebido una botella entera.

Cualquier alimento puede ser el causante de esa indisposición, solo necesitas encontrar a los delincuentes que están atacando tus tripas.

Se trata de un tipo de carbohidratos de cadena corta –oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables y difíciles de absorber y que terminan descomponiéndose.

“Permanecen durante un tiempo en el intestino [primero en el delgado y si se resisten a ser digeridos, en el colon] y atraen agua, con lo que se produce un aumento de volumen“,revolucionan la microbiota, con lo que además de agua se forma gas.

El resultado es conocido y sufrido por muchas personas intolerantes a estas moléculas, una condición que, sin embargo, “es muy difícil de diagnosticar debido a que no existen marcadores biológicos que revelen el problema”, sostiene el especialista.

Es decir, saber si uno lo es, es complicado porque no hay prueba que lo confirme más allá de las molestias que ocasiona, que, además, son comunes a otras patologías.

Solo si tu malestar puede diagnosticarse como síndrome del intestino irritable (SII) se recomienda seguir la dieta.

Lo importante es la pauta y es imprescindible el seguimiento de un experto

La solución pasa por evitar los alimentos que puedan contener ese tipo de carbohidratos; esto en teoría.

En la práctica se hallan en casi todos los grupos de alimentos: en cereales (trigo, centeno); verduras y legumbres (oligosacáridos); leche y derivados lácteos (disacáridos, entre los que se encuentran la sacarosa, la maltosa y la lactosa); frutas y miel (monosacáridos: glucosa, galactosa y fructosa) y edulcorantes (polioles).

Se salvan de la lista la carne, el pescado y los huevos. Y comiendo solo eso, no se puede vivir (o, cuando menos, es muy triste).

Para facilitar un modelo de alimentación.

“Actualmente es una recomendación nutricional muy conocida por dietista-nutricionista Rosana Bermejo Martín, miembro de la Academia Española de Nutrición y Dietética, ” para hacerla correctamente, es importantísimo que siempre esté un dietista-nutricionista”.

El proceso no es un camino de rosas: requiere un estricto paso a paso

Consciente de las dificultades que entraña, se ha fijado el objetivo de enseñar cómo debe hacerse esta dieta para obtener los resultados deseados.

Lo primero, consta de tres etapas que hay que seguir escrupulosamente.

Empecemos por la primera:

“Dura entre dos y ocho semanas dependiendo de la gravedad de los síntomas; es la más restrictiva, en la que temporalmente se elimina la ingesta de algunos alimentos y de otros se controla la cantidad.

El objetivo es reducir la inflamación intestinal y mejorar su microbiota”. 

La segunda es la más importante: el momento en el que hay que ir reintroduciendo los alimentos uno por uno.

“Deben tomarse al mediodía, y el resto de alimentación ingerida ha de ser baja en estos carbohidratos de cadena corta, así se sabe con exactitud cuál de ellos, en concreto, provoca síntomas”.

Aunque hay indicios de que alivia los síntomas de la migraña y la fibromialgia.

El proceso es el siguiente:

“Comenzamos con productos que el paciente, debe escribir un diario de síntomas, si no ha tenido ninguno incorpora otro alimento del mismo grupo; por el contrario, si ha sufrido molestias digestivas ha de volver a la primera fase durante dos o tres días, y después probar tolerancia con otro alimento dentro de ese mismo grupo.

Completada la lista, “se introducen…”

Por último, llega la tercera etapa, en la que —con la información recopilada de la anterior— se elabora un plan personalizado con los alimentos que el paciente tolera, “y que pueden variar entre individuos y dentro de cada persona en función del momento”.

Hay algo que no cambia, “Administrar probióticos a los dos y a los seis meses de iniciar la dieta, porque suprimir durante un tiempo alimentos que tienen un contenido importante de fibra acarrea cambios en la microbiota”.

Dieta que mejora y equilibra la salud

Para facilitar el seguimiento de la dieta.

Las razones son múltiples; por una parte, la eficacia a la hora de reducir los síntomas digestivos —”en el 70% de los pacientes disminuyen la hinchazón y distensión abdominal, el dolor, la diarrea, estreñimiento,…”

Por otro lado, “cada vez hay más personas con intolerancias, un aumento que se ha disparado en los dos últimos años según lo que vemos en nuestras consultas

No menos importante es el factor moda, “como en su día sucedió con el gluten o la lactosa”.

“Tendemos a hablar mucho de las bondades, y es cierto que algunas personas sanas se encuentran más ligeras con esta pauta, pero al cabo de unos meses pueden surgir problemas de disbiosis [desequilibrio de la microbiota] de un alcance que desconocemos”.

La “desinformación” que existe en torno a esta dieta, diseñada para mejorar los síntomas del SII y que, en consecuencia, puede aliviar otros problemas asociados a este síndrome, como algunos casos de migraña, pero “sin ser la solución a esta, como piensan algunas personas”.

Un estudio portugués publicado en Nutrición Hospitalaria sugiere que, tal vez, pueda aliviar los síntomas de la fibromialgia, pero tampoco la va a curar.

Una dieta terapéutica que sí implica variaciones en la composición de la microbiota que pueden tener consecuencias a largo plazo”.